sábado, 23 de julio de 2016

Pequeña guerrera.

Pequeña, 
Cierra los ojos.
Y ahora, por unos segundos, divisa a los lejos.
¿Ves aquel bosque? 
No tiembles, está a cientos de kilómetros.
¿Ves aquellos monstruos?
Sigue oscuro, lo sé, pero fija tu mirada aún más.
Ahí están, 
tú los derrotaste, 
Tú, sólo TÚ.
Una y otra vez.

Mira a tu alrededor, pequeña.
Lo peor ya ha pasado.
Todo está despejado,
excepto por unas sombras.
Me susurran que te quieren, 
te quieren de manera irracional.

El camino es largo, lo sé, 
has deambulado mucho, 
pero estoy segura de que tienes fuerza para más.
No tengas miedo de tener miedo,
lo a-normal sería no tenerlo.
Avanza, sin mirar atrás.
Si lo haces que sea para ufanarte de tus logros.

Pequeña,
Abre los ojos.
Ahora, mírate.
Todas estas cicatrices son tuyas.
Tuyas de una lucha que no para de tener batallas.
Y son eso, cicatrices. 
Ya no escuecen tanto.

Mírate, eres preciosa.
Por fuera, y mucho más por dentro.
Tienes una capacidad sobrenatural de ablandar corazones,
y que se encariñen con el tuyo.
Y, pequeña, eso lo querrían otros muchos.

Ahora, 
Escúchame.
No te prometo que el camino esté despejado de monstruos,
pero prometo que vas a tener las herramientas necesarias para derrotarlos.
Más veloz, sin magulladuras.
Tampoco te prometo que el dolor no vuelva a llamar a la puerta,
siempre llama, siempre.
Pero, va a cesar.
Te prometo que cesa.
Siempre cesa.

Mírame.
Todo está bien.
Todo estará bien.

Te lo prometo, pequeña.







jueves, 21 de julio de 2016

Palpitaciones

Tenía los ojos color miel.
Y en su interior, toda la vía láctea.

Fijó su mirada rasgada en aquella cerveza tostada, 
y yo, mientras, ensimismada,
cegada de tanta luz.

Cuántas batallas había detrás de aquellos ojos, 
cuántas derrotas y vencidas entre esas pestañas.
Parpadeó, y fijó todo su campo visual en mí.
Temblé, cebada de tanta endorfina.

Suspiró, y sus pupilas observando(me), 
bloqueándome en grado III mi nodo auriculoventricular. 
Tenía miedo, miedo irracional a quererle.
Pero cuando abrí los ojos, 
Cupido me dió directo 
y me clavó sus ojos color miel en lo más profundo de mi aurícula.

Quería aliarme a él, 
a él y a su mirada.

Quería aliarme,
sin darme cuenta que la guerra había acabado.